Cargas correspondientes a las afirmaciones sobre Dios  
     
 
 

La carga de la prueba varía conforme a lo que se afirma. ¿Se afirma que existe el Dios bíblico? ¿O se afirma que existe otro modelo de dios?1 ¿O tal vez sólo se propone alguna interpretación simbólica, como por ejemplo, que Dios sólo representa algo más común y terrenal? Para evitar malentendidos, vale la pena pedir, de antemano, aclarar la afirmación.

El planteo bíblico de Dios propone un ser oculto e intencional.2 Sintéticamente, se trata de una mente incorpórea que además interactúa con el mundo de los mortales.

¿Qué tan típica es una mente incorpórea, que interactúa con el mundo físico, dado todo lo que se sabe al respecto?3 Todas las mentes que conocemos pertenecen a organismos con cerebros que funcionan. Y queda cada vez más claro que una mente requiere un cerebro en el cual realizarse.4 Una mente incorpórea es extremadamente atípica e incoherente con los actuales conocimientos pertinentes de trasfondo.5

Una mente incorpórea que, además, produce efectos en el mundo físico de los mortales, no coincide con los crecientes conocimientos sobre las causas de los efectos físicos.6 Como modelo teórico, es incoherente.7 Dada su relativa atipicidad e incoherencias, la probabilidad previa es extremadamente baja.8

Dada su escasa probabilidad previa, una mente incorpórea que supuestamente interactúa con el mundo físico de los mortales, es una afirmación verdaderamente extraordinaria. Para ser justos, la correspondiente carga de la prueba es muy pesada.9

Por eso, el afirmante de la existencia del Dios bíblico debe probarla si se le solicita hacerlo. Debe justificar cada propiedad que se le atribuye, y cada supuesto subyacente.10 Es más, debe probar la influencia divina en la realidad física que se le atribuye.

Si bien se le solicita hacerlo, el afirmante de la existencia del Dios bíblico debe señalar en qué hechos se basa. Además se le solicita hacerlo, debe demostrar la relevancia de los hechos señalados, y explicar cómo ha llegado a la conclusión que los hechos señalados prueban su afirmación, o por lo menos cómo pueden ser verdaderamente indicativos de lo que afirma.

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El interlocutor que cuestiona la afirmación de que el Dios bíblico realmente existe está justificado en hacerlo por su escasa probabilidad previa. Y no le corresponde probar que no existe. Más bien, si el afirmante de la existencia del Dios bíblico no puede soportar su carga correspondiente, entonces debería reconocer con humildad la posibilidad de error. Corregir un error no es un motivo de vergüenza, sino motivo de orgullo, porque es un logro importante.

El que afirma que el Dios bíblico no existe también tiene que defender su afirmación, si se le solicita hacerlo. Pero dado que su afirmación coincide mejor con el grueso de conocimientos de trasfondo, resulta más ordinaria que la afirmación que Dios bíblico realmente existe. Por eso en términos relativos, su correspondiente carga de prueba es liviana.

Supongamos que la palabra Dios se redefine tal que sólo se refiere al amor. Bajo esta interpretación simbólica, afirmar que “Dios existe”, significaría “el amor existe”. Por donde se lo mire, el amor es más común y más corroborado que el Dios bíblico. Por eso, la afirmación “el amor existe” en sí misma conlleva una carga relativamente liviana de prueba.

Pero esta redefinición conveniente de Dios, como el amor y nada más, da para malentendidos. No se corresponde con el significado histórico, fijado en las “sagradas” escrituras. Además, si se calcula que la existencia del amor es más probable y más corroborada que la existencia del Dios bíblico, entonces ¿no sería más claro y consecuente expresar un mayor grado de confianza en la primera, y un menor grado de confianza en la segunda?

Finalmente, el que afirma que los antiguos dioses, incluído el Dios bíblico, son probablemente de origen humano también tiene que defender su afirmación, si se le solicita hacerlo. Pero dado todo lo que se sabe al respecto, la relativa probabilidad previa es alta, por lo que su afirmación es ordinaria. Así, la correspondiente carga de prueba es relativamente liviana.

borrador al 1 mar., 2015. Para revisión crítica. Carmen Chase ¿Encontró un error? Comuníquenoslo.

¿Cómo estar seguros sobre la existencia de Dios?

Un argumento para el origen humano de Dios

 
 

DiosArriba: una representación artística del Dios cristiano (con “D” mayúscula). Para una foto de Dios, clic acá.

Notas
1. Por ejemplo, ideas deístas, panteístas, etc.
2
. Las ideas históricas sobre los dioses están fijadas en diversas “sagradas” escrituras de la antiügedad. En el fondo, se trata de algo oculto, con propiedades psicológicas humanas (por ej. intenciones, inteligencia, deseos, etc.), que además actúa en el mundo físico por razones. La existencia de un dios no debe confundirse con una interpretación puramente simbólica de un dios. Los planteamiento que Dios sólo simboliza algo mundano y nada más, se diferencian del planteamiento bíblico de Dios. Por otra parte no es lo mismo “creer que Dios existe” que “creer que creer en Dios es bueno”.
3. Nótese la categoría de referencia: mentes incorpóreas. Por otra parte, lo que se sabe al respecto -en sentido riguroso.
4. Las diversas actividades mentales se correlacionan cada vez más con las correspondientes actividades cerebrales. (Novella, Berlin, et al.) Tanto es así que se infiere que las propiedades y estados psicológicos se realizan en los sistemas del cerebro. véase dependencia psicofísica.
5. En las palabras del neurólogo Robert A. Burton, “El pensamiento incorpóreo no es una opción fisiológica.” (texto original “Disembodied thought is not a physiological option.”) de su libro “On Being Certain”, Editorial St. Martin's Griffin, NY, 2008, página 127.
6. aclaración: los actuales conocimientos rigurosos sobre las causas de los efectos físicos independientes del sujeto creyente: por ej., sobre las causas del viento, etc. Cuanto más rigurosamente se investigan los efecto físicos, tanto más resulta que se deben a causas físicas.
7. Para un compendio de los atributos contradictorios del modelo teórico del concepto clásico de Dios, véase “The Impossibility of God”, Michael Martin y Ricki Monnier editores (Prometheus Books, 2003).
8. Los actuales conocimientos de trasfondo, sobre todo los más pertinentes, enmarcan una afirmación y forman una base para establecer una probabilidad previa. Cuánto mayor sea la tipicidad y coherencia de la afirmación con los actuales conocimientos pertinentes de trasfondo, tanto mayor es su probabilidad previa.
9. Cuánto más extraordinaria sea la afirmación, tanto más pesada es la carga de la prueba. ver Onus Probandi.

10. por ej., los supuestos intuitivos sobre las intenciones divinas, la voluntad de dios, que dios produce algún efecto físico, etc.

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