desenmarañando la fe juicioso
 
 

La palabra "fe" viene del latín antiguo fides. Fides significaba lealtad. Pero consideremos las siguientes definiciones operativas de la palabra “fe”, conforme al uso común en la actualidad:

1. forma visceral e inexperta de proceder sin el uso consciente y ecuánime del propio juicio crítico: aceptar por fe que Mahoma fue el último profeta de Alá.

2. sensación de estar en lo cierto, atribuible a tal forma visceral e inexperta de proceder: tener fe de que la reencarnación es verdadera.

3. expectativa atribuible a tal forma visceral e inexperta de proceder: los marineros tenían fe de que el dios del viento escuchara sus oraciones y llenara las velas con un soplo de su aliento sagrado.

4. deseo pasivo, anhelo, atribuible a tal forma visceral e inexperta de proceder: tener fe que al morir, la consciencia de uno será reencarnada.

5. lealtad atribuible a tal forma visceral e inexperta de proceder: los discípulos le tenían fe a su maestro.

Antes que nada, vale distinguir entre una idea aceptada e incluso internalizada sólo por fe, y por otra parte los procesos subyacentes que generan confianza y hasta la certeza en esa idea. Estos procesos subyacentes bien pueden pasar totalmente desapercibidos por el sujeto.1

En el fondo la fe surge, discutiblemente, de una forma de proceder. Esta forma de proceder se asemeja a la de un recién nacido, que instintivamente fija su mirada en la madre y se aferra a ella.2

Como forma de proceder, la fe es visceral e inexperta.3 Pero es alabada por los cultos y sectas para aceptar sus ideas. Incluso se enaltece como una preciada virtud.4 La idealización de esta forma de proceder le atribuye la deseabilidad.5 De esta forma se propaga de generación en generación.

Un posible motivo verosímil de un grupo para idealizar tal forma visceral e inexperta de proceder, puede ser para mantener su estructura jerárquica. El poder y relativo privilegio de sus líderes se deriva de la subordinación conformista de sus fieles seguidores.

Una racionalización justificativa de la deseabilidad de todos a proceder por fe podría encontrarse en algún tipo de armonía social que tal vez se deba a ello. Si no, siempre se puede inventar otra racionalización justificativa.6

Proponer aceptar una idea por fe asegura, muchas veces con un aire carismático de certeza. Esto da a entender que algo debió hacer para saberla, lo que sugiere alguna justificación para depositar la confianza.7 Por otra parte, la táctica de apelar a la aceptación irreflexiva o a una lealtad incondicional, como modelos de perfección a seguir, presupone que realmente sea deseable proceder de esta forma.8

Asentir a una idea completamente por fe es aceptarla sin el uso ecuánime del juicio crítico independiente para determinar hasta dónde asentir. Como proceso viene a ser creer, o por lo menos asentir a, lo que otro dice creer.9

Un motivo verosímil de aceptar por fe es la supuesta deseabilidad que se le atribuye.10 Si se supone que los buenos lo hacen, y se desea ser bueno, entonces se debe imitarlos. La afirmación y aceptación por fe forman un medio de transmitir ideas.

La afirmación y aceptación por fe forman un medio de transmitir ideas. Cuanto más idealizado este medio, tanto mayor la tendencia a aceptar la información transmitida por éste.

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Estar fuertemente comprometido con una idea inclina a protegerla y ampararla de argumentos y pruebas en su contra.11 El aferrarse a una idea, además transmitida y aceptada por un medio idealizado, da lugar a la incorregibilidad.12

Enaltecer una idea, hasta lo incuestionable, es sobreestimarla. Las presuposiciones subyacentes de infalibilidad y certeza no admiten la posibilidad de un error, ni de investigarlo, ni de corregirlo.

El creyente férreo fija su idea para siempre, lo que delata una soberbia e irresponsabilidad.13 No se dispone a revisar su idea a la luz de nuevos hechos impensados en el momento de su formulación original, sino que la aísla. Así, se da una incorregibilidad equivocada.

Tener fe, en el sentido de una sensación de estar en lo cierto, derivada de tal forma visceral e inexperta de proceder, no cambia la probabilidad correspondiente. Una sensación de estar en lo cierto no es un indicio fiable de ello.14 No excluye la posibilidad de que en el futuro se demuestre nuestra equivocación. Por eso, actuar sobre ella es arriesgado.

Si una sensación visceral por sí misma, de que una idea es verdadera, alcanzara para justificar creer que realmente lo sea, entonces podría justificar creer cualquier cosa. Dado que esta forma de proceder no se ajusta de manera juiciosa y ecuánime a los hechos observados, no vale como justificación.15

Una expectativa por fe no guarda relación estadística con el objeto esperado. Tal expectativa no es atribuible a un manejo objetivamente defendible de los datos disponibles por parte del expectante.16 Más bien obedece a una forma visceral e inexperta de proceder, sin mérito para fijar una expectativa sensata.

La palabra fe también se usa en el sentido de anhelo o deseo pasivo, sin certeza absoluta sobre el objeto de deseo.17 La inacción del practicante de este tipo de fe es característica.18 Si bien el deseo realmente tiene lugar en el practicante, el objeto de su deseo puede ser una ilusión total: por ej. anhelar una situación sumamente improbable, irreal, imposible, etc.19

La conformidad a los hechos observados, el manejo juicioso y ecuánime de ellos, y la humildad son importantes en las ideas. Pero la fe parece diferir al respecto: admite ideas improbables, supersticiosas, y hasta demostrablemente erróneas. Más grave aún, no comprende ningún mecanismo para corregir los errores derivados de ella.

En resumen, la fe como forma de proceder, no hace uso ecuánime de los hechos observados, ni de la coherencia.20 Al fin y al cabo, puede aprobar cualquier idea, sin importar los hechos. No solo es propensa al error y al autoengaño, sino que permite la arbitrariedad.21

Las creencias orientan las acciones. Y para la acción inteligente, nuestras creencias deberían ser verdaderas.22 Pero la fe ha demostrado ser poco fiable para esta finalidad. Por eso, valerse de la fe para las creencias perjudica nuestra capacidad de acción inteligente. Discutiblemente, lo que nos perjudica no debería ser alabado, sino que desalentado.23

borrador al 15 jul., 2016. Para revisión crítica. Carmen Chase ¿Encontró un error? Comuníquenoslo.

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Notas
1. Estos procesos subyacentes no son tan obvios, porque en el fondo corressponden a sistemas mentales que se dan en un nivel subconsciente. Si bien el sujeto está consciente de lo arrojado por ellos (por ej. una sensación), lo que la produce puede pasar desapercibido. Por analogía, considera el sistema metabólico, cuyos procesos subyacentes generalmente operan en forma automática, no por acción o pensamiento consciente del sujeto. Ver “On Being Certain”, Robert A. Burton, M.D., (St. Martin's Press, 2008), pág. 139.
2. Cabe diferenciar entre formas viscerales pero expertas de proceder, y formas viscerales pero inexpertas de proceder. La fe como forma visceral de proceder no es hábil y sumamente capacitada, como la forma automática de proceder de un experto en su correspondiente campo de especialización: por ej., considérese una intuición perita que surge automáticamente del experto de ajedrez, en su mejor partida. Más bien la fe, como forma de proceder, es visceral e inexperta, es decir una forma más ingenua e infantil de proceder.
3. Entendido así, una idea aceptada exclusivamente por fe viene a ser asentir completamente a ellar, sin el uso consciente y ecuánime del propio juicio crítico al respecto. Esto coincide con la primera acepción en el diccionario El Mundo.es “Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia”. Aceptar por fe no debe confundirse con fingir aceptar por fe, es decir sólo conformarse externamente.
4. Los cultos y sectas idealizan la “fe”, en efecto la enaltecen al punto de una preciada virtud. Por ej., la primera acepción de “fe” en el D. R. A. E. 22.ª ed,. es la “... primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia.” Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia Católica la caracteriza así: “La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él.” Catecismo de la Iglesia Católica, primera parte, III Las características de la fe, 153.
5. Como analogía, la idealización del acto heroico le atribuye la deseabilidad de actuar heroicamente.
6. Por ej. suposiciones de la superioridad e infalibilidad de la fuente; de la deseabilidad del ideal de aceptación irreflexiva; de que el aire de certeza proyectado por el proponente es un indicio fiable de que lo que éste propone es verdad; de que lo establecido o la antigüedad es una guía fiable de veracidad: de la benevolencia paternal del proponente; de la deseabilidad de lo que se propone, etc.
7. Por ej. el aire de certeza del afirmante sugiere que por algo debe sentir tanta certeza: debió realizar alguna investigación, alguna observación, realizó alguna prueba concluyente, etc. Este supuesto subyacente inclina a dar por cierto lo que se afirma tener por cierto. Así, la fe como forma de proceder puede simular, tácitamente, un proceso justificativo.
8. Antes de dejarse llevar por la idealización, cabe pregeuntarse si ¿realmente es deseable?, ¿deseable para quién? para el vendedor de un producto o servicio? ¿cómo saberlo?
9. Hay que reconocer la posibilidad de sólo fingir aceptar completamente por fe: es decir sólo conformarse externamente (por ej. en un rito de iniciacion), sin realmente haber internalizado la idea, sin asentir a ella completamente. Como proceso fingir aceptar completamente por fe vendría a ser afirmar creer lo que otro dice creer.
10. no excluye un sinfín de otros posibles motivos, como el deseo de pertenecer a un grupo que impone la condición de aceptar sus ideas por pura fe para pertenecer, ritos de lealtad incondicional al pensamiento del líder, etc.
11. El sesgo de confirmación es para las ideas lo que las anteojeras son para la vista. Por analogía, considera una transmisión de información como un flujo de agua. El enaltecimiento, la lealtad incondicional, el fuerte compromiso, funcionan como un tubo impremeable que no solo encauza sino que protege.
12. Es más, se dificulta arbitrar entre los adheridos a divergentes creencias, cuando éstas son derivadas de tal forma visceral e inexperta de proceder. El aferramiento a sus repectivas y diversas creencias, la falta de un mecanismo para corregir los errores derivados de tal forma visceral de procedera, la sobreestimación y su atrincheramiento, terminan entorpeciendo el entendimiento común.
13. Por ej., dictar como eternamente Verdadera una explicación; declarar como eternamente deseable tal o cual cosa para todos -ayer hoy y mañana- en cualquier situación pase lo que pase, etc.
14. Una posible explicación de una sensación de certeza por fe es que viene dado por los sistemas mentales subyacentes que operan a nivel subconsciente. Cuando dichos sistemas superan cierto nivel límite de actividad, alcanzan a la parte consciente del sujeto. Así, una sensación de certeza parecería surgir de la nada, involuntariamente, a la consciencia del sujeto. Ver, “On Being Certain”, Robert A. Burton, M.D., (St. Martin's Press, 2008), pág. 139. Para ilustrar, considere el reconocimiento repentino de una cara en las nubes cuando no se le buscaba conscientemente. Los sistemas busca-patrones y procesos subyacentes pasan desapercibidos hasta arrojar un posible acierto. En la medida que un patrón percibido supere cierto nivel de coincidencia con un patrón previamente registrado, los sistemas busca-patrones desencadenan una sensación de familiaridad, o bien de estar en lo cierto, sin pensamiento consciente al respecto. Ya sincronizados los sistemas busca-patrones con la parte consciente del sujeto, “llama la atención” al patrón coincidente. Recién después puede ser deliberado conscientemente, investigado, etc.
15. Por eso la fe, en este sentido, no vale como justificación objetivamente defendible. Y la historia del pensamiento humano demuestra que una sensación visceral de certeza es un criterio de verdad poco fiable. Sin embargo la fe, como forma de proceder, puede generar una sensación gratificante de estar en lo cierto, que en efecto permite tapar la incertidumbre y disfrutar de una tranquilidad deseada sin esforzarse por ella. Una alternativa es simplemente aceptar la incertidumbre y la ignorancia; otra es tomar la iniciativa de investigar para esclarecer la duda y salir de la ignorancia.
16. Por ej., la expectativa por fe de que un dios de la lluvia solucione las sequías no se ajusta a un manejo objetivamente defendible de todos los hechos disponibles –considerando conscientemente tanto los hechos en favor de lo esperado, como los en contra de lo esperado. Más bien es atribuible a una forma más visceral e inexperta de proceder, incapaz de discernir entre relaciones de causa-efecto verdaderas y falsas. Así, proceder por fe permite la formación de expectativas supersticiosas.
17. El sujeto anhela pasivamente, consciente de que el objeto de su deseo pueda resultar falso, pueda no darse, etc. En cambio, el optimismo implica algún grado de confianza en un futuro favorable, que puede ser bien fundado en hechos observados (o no). Cabe recalcar que la fe en sí no cambia la probabilidad de un futuro favorable.
18. Por ej. desear pasivamente para tener suerte. Un posible motivo de la inacción puede ser la presunción, creencia o expectativa que la pisicoquinesia sea verdad: que la fuerza mental en sí (por. ej. la mera fuerza de un deseo por sí solo) puede producir un efecto físico independiente del sujeto, sin que éste mueva un dedo. La creencia que existe una supuesta relación causa-efecto ahí donde no se justifica es supersticiosa, Otro posible motivo puede ser la sensación de impotencia, que a su vez puede resultar de un supuesto infundado o creencia falsa.
19. Un deseo en sí realmente tiene lugar: los estados psicológics, al fin y al cabo, se realizan en un cerebro que funciona.
20. El practicante de fe puede aceptar felizmente un hecho que apoya lo que éste desea tener por cierto. Pero su forma de proceder no se ajusta de manera juiciosa y ecuánime a todos los hechos disponibles, sino que se sirve de los que apoyan lo que desea tener por cierto, y pasa por alto los que lo contradigan. Por este motivo, esta forma de proceder entorpece el entendimiento común entre sus diveros praticantes con divera creencias atribuibles a ella.
21. una forma de dar por cierto lo que se desea que sea cierto –o si se prefiere, una forma de creer saber lo que en realidad no se sabe. El Profesor Boghossian, ha descrito este sentido de fe como “fingir saber”.
22. Vale recordar que objetivamente la verdad de una idea radica en la correspondencia con los hechos a los que se refiere. La teoría correspondentista de la verdad, también conocida como la teoría de adaequatio, es la noción más extendida de verdad. Se entiende como una relación de correspondencia entre una representación y lo representado: adecuación empírica. Ver, por ejemplo, “Knowledge in a Social World”, Alvin I. Goldman, (Oxford University Press, 1999), Sección 2.6 The “Correspondence Theory”....
23. Este juicio de valor presupone que lo que causa daño es malo. Por malo, entiéndase generalmente indeseable. Podemos inferir lo generalmente indeseable por la manera en que la gente actúa. Si resulta que la gente tiende a evitar sufrir daños, que se inlinan más a vivir libre de peligro, etc. entonces son indicios de que el daño es generalmente indeseable. También podemos realizar encuestas con muestreos representativos para darnos una idea, etc.

¿Aceptaría usted tomar un líquido desconocido sin detenerse a examinarlo primero?

Si no, ¿por qué hacerlo con las ideas?

 
 
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