La ética ateísta

por Gora (Goparaju Ramachandra Rao)

La ética es la clase de conducta que mantiene feliz a la humanidad. La felicidad consiste en la satisfacción de los deseos. Por medio de sus plegarias y meditación en reclusión, un ermitaño se siente feliz con la satisfacción de su deseo de salvación en el más allá. Por eso el ermitaño hindú prefiere sentarse en la cueva montañesa, comer frutas y tubérculos, y vestirse de escasas pieles. Los creyentes religiosos consideran a tales ermitaños como los seres más éticos.

Pero el surgimiento del racionalismo hace realistas y mundanos los deseos. A diferencia de los deseos del ermitaño de la salvación en el más allá, los deseos racionales hacen referencia a la comida, hogar, vida familiar y posiciones de honor. La imaginación exige al individuo a desear mayor confort y respeto. En la medida que crece el deseo, debe aumentar la capacidad de logro, porque la felicidad es el equilibrio entre los deseos y su cumplimiento.

Dado que el individuo es el autor de sus deseos y origen de su propia fuerza, no hay lugar para la desconformidad ni para la queja. O bien recorta sus deseos y expectativas o bien aumenta su capacidad de lograrlos. La queja es indicio de la mala adaptación, pereza e irresponsabilidad.

El recorte o aumento de los deseos queda enteramente en la voluntad del individuo. Un cambio de mente cambia la forma de los deseos: Buda, el príncipe, renunció a su reino; Hitler, el artista, apeteció el dominio mundial.

Mientras los deseos son ilusiones, la capacidad de lograr es real. Las quejas y desilusiones ocurren en la vida cuando el individuo se deja llevar por sus deseos a rienda suelta y hace caso omiso de las realidades de intentar cumplirlos.

La capacidad de logro aumenta de dos formas: primera, valiéndose de herramientas; segunda, obteniendo la cooperación de los prójimos. La primera dio lugar al desarrollo tecnológico y la segunda al sistema de organización social. El desarrollo tecnológico y la organización social han sido interdependientes para el aumento. Desde el hacha de piedra hasta las fábricas modernas, el desarrollo de las herramientas es el fruto de la acción coordinada de millones de personas por una cantidad de generaciones; el crecimiento de la sociedad desde los clanes primitivos hasta las comunidades metropolitanas se hace posible por el desarrollo de las comunicaciones y por los avances en ingeniería, planificación, investigación médica y producción de alimentos.

En la tecnología, el individuo trata con material no humano. Puede trabajar la madera y el metal, y cuidar de las plantas y animales con su habilidad. Pero en las relaciones sociales, trata con otros individuos que tienen emociones, sentimientos, amores, odios y ambiciones similares. Así que las relaciones con los prójimos conllevan las consideraciones de la moral. Por eso la moral es el método de tratar con los prójimos con el fin de obtener su cooperación más completa y amplia para el cumplimiento de los deseos del individuo.

Los dos principios básicos de la conducta moral son: la honestidad y la tolerancia.

La honestidad significa la coherencia entre la palabra y la acción. Hasta que cada quien confíe en que el otro hace lo que dice y dice lo que hace, no puede haber entendimiento común entre sí y por lo tanto la cooperación se vuelve imposible. Así que la honestidad es la condición indispensable para la acción común: es el cemento que une a los individuos en las relaciones sociales. Sin el cemento que los une, los ladrillos forman un montón, pero no una pared sólida. Sin la honestidad los individuos forman una multitud, pero no una sociedad. Hoy en día, las ciudades son multitudes. Un individuo queda solo en una calle concurrida: no se ocupa de nadie, ni tampoco nadie se ocupa de él. Si lo atropella un auto, el incidente puede valer como primicia, pero no como una preocupación social. La honestidad convierte las multitudes en sociedades.

Como toda palabra y acción proviene del pensamiento, la honestidad parece ser la coherencia entre el pensamiento, la palabra y la acción, en vez de la coherencia sólo entre la palabra y la acción. Pero los pensamientos son personales, conocidos sólo por el autor. Los otros sólo conocen los pensamientos del individuo por medio de sus palabras y acciones, que son las expresiones externas de pensamientos internos. Así que el medio del entendimiento común en las relaciones sociales son las palabras y las acciones, y por eso la honestidad es la coherencia sólo entre la palabra y la acción.

 

La coherencia entre el pensamiento, la palabra y la acción es la honestidad personal. Salva al individuo de la conciencia molesta. Pero un individuo puede considerar varias opiniones sobre algún tema. Al final puede elegir expresar una o algunas de ellas en palabra o acción: sólo éstas ganan valor social. Las demás se esfuman sin significado social. Es injusto imputar móviles a un individuo más allá de sus palabras o acciones. No deben sospecharse móviles ocultos hasta expresarse en palabra o acción. Si el individuo cambia de opinión, y lo expresa por palabras o acciones correspondientes, sigue siendo honesto. De hecho, el cambio es preciso para tratar con nuevas situaciones que surgen con el tiempo. Otrora, un individuo queda conservador. Cambios frecuentes pueden significar la falta de propósito o inconstancia, pero no la deshonestidad.

La honestidad excluye el secreto, porque el secreto encubre lo que se hizo. Una mentira es peor aún: cuenta algo distinto de lo que se hizo. Tanto el secreto como la falsedad son deshonestos, ya que no hay coherencia en ellos entre la palabra y la acción.

La intimidad es distinta del secreto. La intimidad es el espacio personal que interesa poco al otro. Pero cuando se evidencia un interés, no se duda en revelar un asunto íntimo. En cambio, el secreto y la mentira ocultan y distorsionan los hechos deliberadamente.

El secreto es la ruptura de una obligación social. Es resultado del deseo de sacar una ventaja egoísta, o de la perspectiva sectaria. Los integrantes de un grupo son honestos entre sí, pero muchas veces deshonestos con otros. El exclusivismo en base a la clase socioeconómica, etnia, nacionalidad y pandillas son ejemplos de conducta sectaria. En el contexto de las relaciones sociales más amplias, el sectarismo es tan deshonesto como el secreto.

La honestidad requiere de la disciplina. Cuando un individuo debe cumplir una promesa, su interés egoísta lo tienta con la deshonestidad. Por eso, hay que sacrificar el beneficio egoísta e inmediata en vista de la necesidad de la cooperación en las relaciones sociales. Quien fracasa en cumplir su promesa pierde la credibilidad y cooperación. De esta manera, el sacrificio es de mayor beneficio que la avaricia. Pero la naturaleza humana es una mezcla de cualidades sociales y egoístas. Por eso deben encontrarse las formas y medios de alentar las cualidades sociales de la fuerza, sacrificio y compasión y desalentar a las cualidades antisociales de la pereza, avaricia y odio.

Los tres métodos para mantener al individuo moral y social son: la autodisciplina, la fe religiosa y el poder político.

El mejor método para asegurar la conducta moral es el aprecio de cada individuo por sus obligaciones morales. El “Constructive Programme” de Mahatma Gandhi adopta el método de la autodisciplina. Por la autodisciplina, cada individuo impone en si mismo el deber de cumplir las promesas y de mantener la honestidad. Al mismo tiempo, la deshonestidad de uno perturba la felicidad del otro. Si el orador de una reunión llega tarde, desperdicia el tiempo de muchos. Por lo tanto, corresponde al orador el deber de ser puntual tanto como a los oyentes el derecho de reclamar por su demora. Los deberes y derechos son las dos caras de la misma relación social. Son los controles y sobrecontroles para asegurar la honestidad en las relaciones sociales.

Si bien un pueblo primitivo no puede acreditarse con un un alto nivel de conciencia social y sentido de autodisciplina, la necesidad de la honestidad en relaciones sociales lo impulsa a adoptar formas similares a la autodisciplina. Dentro de los límites de la vida tribal, los pueblos primitivos cumplieron con la honestidad por tabú. Las transgresiones se castigaron con multas y cepo. El reconocimiento de la necesidad social de la moral, aunque impensado, fue una característica distintiva de la vida primitiva. El alto nivel de honestidad no sólo aseguró amplia cooperación de todo los miembros de la tribu para cualquier tarea, sino estableció una igualdad entre ellos con bastante significado.

 

El primitivismo de las condiciones limitó el alcance del desarrollo de los valores sociales de la honestidad e igualdad, generalmente por la autodisciplina. Sí el método siguiera ininterrumpido en el transcurso de la civilización, hubiera rebasado las limitaciones primitivas y evolucionado en el método correcto para la conducta moral.

Pero la invasión de la fe religiosa cambió la base de la moral de la necesidad social a la salvación en un más allá. Los religiosos supusieron que la conducta moral les otorgara los beneficios de la salvación. Los valores morales se denominaron virtudes, y la inmoralidad el vicio. La esperanza del cielo y el temor del infierno sirvieron para hacer virtuosa a la gente y alejarla del vicio.

Con la fe común, el método religioso rebasó los limites de tótem y tabú y formó las asociaciones sociales más amplias. Las listas de virtudes y vicios crecieron con las necesidades desbordantes de relaciones sociales cada vez más amplias. El mito y mitología, cuento y fábula con los dioses, ángeles y demonios en ellos explicaron las ventajas de amor, veracidad, compasión y cooperación y señalaron el sufrimiento de perdición que esperaban el odio, avaricia y falsedad.

La base religiosa de la moral inspiró a muchos creyentes con amor y veracidad. En el nombre de dios y salvación, alcanzaron la plena excelencia moral. Asegurados de la salvación en el más allá, los creyentes no dudaron en entregar sus vidas por la causa de la honestidad. Además, la creencia que dios sabía lo que se hacía en secreto corregía la conducta personal.

Pero los beneficios del método religioso para la moral se socavaron por su defecto inherente. Mientras la autodisciplina reconoció la moral directamente como una necesidad social, la creencia religiosa fue un método obviamente indirecto. La moral se consideró un medio para la salvación en el más allá. Si la salvación se obtuviera por otros medios, el creyente bien pudiera descuidar sus obligaciones sociales. El monacato es un claro ejemplo del abuso. Porque la creencia religiosa se envuelve de respetabilidad, los vagos se dan a las plegarias, meditación, rosario y ayunas en vez de satisfacer las necesidades rígidas de la vida social. Desde el punto de vista racional, los hermitaños son vagos y las plegarias una pérdida de tiempo. La situación se empeoró cuando los curas vendieron indulgencias y de ese modo comercializaron la fe religiosa. Con el pretexto de la penitencia, los delincuentes pudieron librarse de la desgracia y los sinvergüenzas estafar a los creyentes honestos.

Otro defecto del método religioso fue sus mandamientos. Mataron la iniciativa de los creyentes, dejándolos estancados en la rutina. Con las mejores intenciones, los autores de la escrituras, la biblia, el corán, el zend avest y la bhagavad gita, prescribieron una larga lista de deberes y prohibiciones a seguir para los fieles. Aunque se elaboraron en las escrituras, los detalles de la vida, de cada día hasta la muerte, se vuelven anticuadas en el transcurso del tiempo. No pueden cumplir con las necesidades de las nuevas situaciones. Pero las escrituras son tan fanáticas que no permiten el cambio de sus mandamientos. Las constituciones políticas estipulan poderes residuales para enmendar sus artículos. Pero cada escritura se considera la revelación divina y afirma la finalidad e infalibilidad. Aunque los devotos de una fe no aceptan la escritura de otra como enteramente sabia y sagrada, cada grupo vive en su propio mundo de fantasía. Por consiguiente, los códigos éticos teístas se han vuelto desesperadamente conservadores y anticuados y los creyente fanáticamente ciegos. La inflexibilidad de los mandamientos doctrinales les vuelve indispensable la deshonestidad a los teístas. Deben satisfacer sus necesidades actuales subrepticiamente. La filosofía de la Bhagavad Gita es una justificación elaborada y sofisticada de la doble personalidad. Por eso, los hindúes hablan encantados de “adwaita” o la unicidad, pero tratan a sus prójimos como intocables. Los cristianos hablan de amor, pero se encuentran involucrados en guerra por todas partes. Los musulmanes hablan de la hermandad, pero desean exterminar otras religiones. La paternidad de dios no ha resultado en la hermandad de la humanidad, ya que no relaciona un individuo con otro, sino un individuo con dios. A pesar de los sermones y deseos piadosos, el método religioso fracasó en volver honesta, cariñosa y bondadosa a la humanidad.

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